sábado 29 enero, 2022
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HISTORIAS | La vida en 94 vueltas alrededor del sol

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Juan José Contreras

Las decisiones marcan los caminos que se transitan en la vida. Cada día es un nuevo capítulo, 365 días completan un año, exactamente una vuelta alrededor del sol. En Lobatera Leopoldo Guerra está por completar 94 vueltas en torno al Astro Rey, con un recorrido admirable por los senderos de su existir.

Cada día Leopoldo Guerra sale a dar su paseo matutino por la plaza Bolívar de Lobatera, uno de sus lugares preferidos que allá en 1926, cuando nació, era solo un terreno vacío frente a la modesta iglesia de entonces. Este 15 de noviembre el lobaterense arribará a sus 94 años de edad.

La historia de Leopoldo Guerra es de aventura y superación. Un niño oriundo de la aldea Volador que llegó a ser un competente trabajador de la industria petrolera venezolana en tiempos en los que eso era un gran logro. Su recorrido es de crecimiento y evolución.

Él contribuyó en el desarrollo del estado Táchira, a través la construcción de carreteras y con la fundación de líneas de transporte en la primera mitad del siglo XX. En el país también fomentó el crecimiento del sector industrial, haciendo transporte de material de las siderúrgicas del oriente del país.

Remembranzas

Seferino Guerra y Zenobia Rosales lo vieron nacer. Padres trabajadores del campo que le dieron ocho hermanos. Siete partieron ya a mejor vida, como Hermilo, Marcelino o Arfilio, quien fue sastre y le hacía los uniformes a los miembros de la Banda Municipal Sucre que arribó a 114 años y donde él era músico también. Su hermana René es la única con vida.

En la aldea Volador, desde muy niño Leopoldo Guerra ayudó a trabajar y sembrar la tierra. Él recuerda cuando bajaba a Lobatera con su abuela y otros familiares para ir a misa. Fue monaguillo. “Nos daban un centavito, la iglesia era sencilla, tenía gradas de piedritas y el agua venía por canales”. En Lobatera cursó sus estudios de primaria.

En esa época los faroles eran de carburo. Eutimio Chávez venía de Zaragoza en un carruaje con un caballo y encendía las lámparas. Cuando llegó la electricidad a Lobatera, el primer bombillo lo encendieron en lo que después sería la plaza.

En ese entonces la casona de dos niveles diagonal a la iglesia, que hasta el día de hoy conserva la fachada, era el hogar de “don José Rojas”. Leopoldo Guerra recuerda que era la única casa en el pueblo que tenía nevera a base de querosene.

Al final de su niñez y ya para su adolescencia, Leopoldo Guerra estuvo en La Grita, en la escuela militar. “A los once meses de estar allí eliminaron la escuela, porque ya habían muchos oficiales andinos. Estudié luego en la Agroescuela Simón Rodríguez, en San Cristóbal, que quedaba donde hoy en día es el Hospital Central”.

Leopoldo Guerra sale a dar su paseo matutino

Decisiones

Leopoldo Guerra trabajó en obras públicas. En el Táchira participó en la construcción de la carretera Panamericana. Al terminar reunió 70 bolívares y viajó a Caracas. «Nos fuimos seis de aquí de Lobatera, Marcos Contreras, Ricardo Parra, Cancio Pino, Polidoro Ramírez y otro compañero de la aldea El Oso al que le decían ‘Bala Laica’”.

Luego de cuatro días en autobús de San Cristóbal a Caracas, los jóvenes lobaterenses se inclinaron por una opción que para mediados de la primera mitad del siglo XX en Venezuela era una aspiración para muchos: la escuela náutica.

Fue seleccionado y estuvo allí por dos años. “Irónicamente no pude trabajar en la marina, trabajé en una línea aérea”, dijo riendo. En ese momento el Ministerio de Transporte y Comunicaciones pagaba cinco bolívares diarios, lo que alcanzada para todos los gastos.

Fueron varias las veces en que Leopoldo Guerra sobrevoló la península de Paraguaná. Las petroleras empezaban a asentarse con fuerza en el país, así que tomó otra de las decisiones que nuevamente le dio un giro transcendental a su vida. Con 21 años de edad viajó allá para quedarse. “Los que sabían leer y escribir se reportaban en las petroleras, todo apenas comenzaba pero había mucho trabajo por todas partes”.

Estuvo en un lugar con escasas casas. “Baraived”, cerca de Adícora, entonces un sitio con pocas personas con apellidos como Smith, Van der Wijck, u Osteicoechea. En el pasado, los que naufragaban por varias razones habían llegado allí.

Los Osteicoechea eran españoles. El patriarca había naufragado junto a sus dos hermanos, y llegó a Baraived, donde levantó una familia con una venezolana. Una de sus hijas, Brígida Osteicoechea, fue la primera esposa de Leopoldo Guerra, unión de la que nació una niña que hoy vive en Estados Unidos.

Evolución

Con los años, en la primera mitad del siglo XX, llegó mucha gente a la península en Venezuela. “Las petroleras empezaron a construir muchas cosas, todo cambió, traían insumos de Panamá, hasta agua potable”.

Su vida fue de crecimiento personal y profesional en la industria petrolera, de la mano de empresas como Exxon Mobil y Creole Petroleum Corporation. “Tuvimos mucha formación, íbamos a la Escuela industrial de Cabimas de la cual egresé como técnico mayor 1”.

Pese a estar en un entorno frente al mar, Leopoldo Guerra nunca dejó el esplendor de las montañas de los Andes que lo vieron nacer. Siempre venía a Lobatera, a visitar a sus familiares. “Iba a casa de mi tía Hilda en el pueblo, la sacaba a pasear, íbamos a Cúcuta”.

En las vacaciones de 1949 él trajo el tercer carro que llegaba a Lobatera. Solo había otros dos pequeños y una camioneta de su amigo Marcos Contreras, con quien años atrás había partido hacia Caracas.

Conoció después en Lobatera a Aura Chacón, su segunda esposa y madre de sus otros dos hijos, una hembra y un varón, el menor, que lleva su nombre.

En sus viajes Leopoldo Guerra diversificó su trabajo, incursionó con la colocación de busetas en las nacientes líneas de transporte de San Cristóbal, donde ya existía la “Línea Popular”. Él fue fundador de las Líneas Circunvalación y Circunversa.

También en un tiempo en que viajaba al oriente venezolano transportó hierro de las siderúrgicas al estado Zulia. Todo en paralelo a su carrera en la industria petrolera venezolana. Él contribuyó con el desarrollo del país.

Leopoldo Guerra contribuyó al desarrollo del Táchira y Venezuela

Aprender

Para Leopoldo Guerra, obtener nuevos conocimientos siempre fue parte importante en su vida. Es uno de los consejos que le da a las personas: que aprendan, se actualicen y crezcan en ideas.

Leopoldo Guerra trabajó 35 años y cuatro meses en la industria petrolera y está por cumplir 34 años de jubilado. En su trabajo aprendió sobre cromatografía, que a su juicio cambió la química analítica.

Desde sus años en la industria petrolera evidenció la modernización por la tecnología de cada época y también creció actualizándose en los procesos. “En la empresa antes todo era manual”.

En 1953 llegó IBM y todo se agilizó. “Por ejemplo, había siete mil trabajadores a los cuales se les debía sacar retiros, vacaciones, entre otras muchas cosas. Eran 31 personas para eso. Pero después ya se contó con máquinas que aceleraban el trabajo. Se usaban tarjetas perforadas, una tarea ejecutada por las primeras mujeres en la industria petrolera”.

Consejos

Leopoldo Guerra, por experiencia propia, afirma que todo en la vida, tarde o temprano, pasa. Los momentos hay que atesorarlos. “Hay que tener paciencia y ver las cosas en positivo. Hay que buscar la manera de vivir, a pesar de las adversidades se pueden tener momentos bonitos y con eso es lo que hay que quedarse”.

Sobre la conquista de sueños es muy optimista. “Hay que tener metas realistas y trabajarlas poco a poco, sin desistir aunque cuesten y lleven tiempo.

Sin detenerse

Cinco años después de su jubilación Leopoldo Guerra volvió a Lobatera, donde hoy vive con su hijo en la tranquilidad del pueblo.

El camino de vida que ha recorrido Leopoldo Guerra está lleno de senderos muy variados en los que avanzó por su ímpetu, valentía y su sentido de aventura y de la oportunidad. Siempre buscando crecer y aprender puso su granito de arena para el desarrollo del Táchira y del país. Aquel niño del campo que ayudaba a trabajar la tierra hoy se acerca a los 94 giros en torno al Astro Rey.

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