miércoles 5 agosto, 2020
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“La difícil tarea de llevar un paciente a un respirador”

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Desde un principio, el doctor Uribe estimó que el escenario se alargaría, pues aún no se tiene la vacuna, y se sigue recibiendo a connacionales


Jonathan Maldonado

La voz pausada del doctor Franklin Uribe, director del Área de Salud Integral Comunitaria (ASIC), en el municipio Bolívar, refleja el sosiego que habita en su humanidad, pese a las dificultades que en algunas ocasiones se registran frente al manejo de la covid-19 en la zona fronteriza, y comenta que el cansancio no importa, ya que lo más difícil es llevar pacientes a un hospital para conectarlos a un respirador.

Uribe egresó de la primera cohorte del Programa Nacional de Formación de Medicina Integral Comunitaria, en el año 2011. Lleva nueve años de ejercicio profesional y en 2016, tras tres años de estudio, consiguió su especialización. A la Medicina la califica como un sacerdocio, de dedicación exclusiva.

“Muchos la ven desde el área del prestigio, el nombre o la resonancia de ser médico; muchos otros, y humildemente me incluyo, la vemos desde la vocación del servicio”, enfatizó el joven galeno, quien tiene la convicción de que mediante esta carrera se sirve a Dios, a la humanidad. “Damos un ejemplo de amor al prójimo”, dijo.

Nacido y criado en la frontera, ve a San Antonio del Táchira, una vez más, en el epicentro de todo. En estos momentos, resaltó, es por la pandemia, lo cual “exige más compromiso y estar en la línea de batalla”. Uribe rememora el 11 de marzo de este año, cuando lo citaron al comando de la GNB con el propósito de afinar detalles ante la covid-19.

“Pasamos a ser la puerta de entrada de los migrantes o de los que retornan a la patria, y en ese primer momento se nos presentó la situación real, de que íbamos a ser el muro de contención para que el país no tuviera tanto desastre en lo que respecta a lo epidemiológico”, remarcó.

—¿Es la primera vez que vive un escenario como el actual?

—Es la primera vez que como profesional, ser humano, y para la patria, enfrentamos una pandemia. Sí se presentaron algunos aspavientos en el 2009 con el H1N1, luego en el 2014 con el Ébola, pero no tocó nuestro suelo con esa manera tan agresiva, como sí lo hizo en otros países.

—¿Llegó a imaginarse la magnitud de la situación y el tiempo que ha durado?

—Sí, me proyecté que esto no iba a terminar en corto tiempo, por dos variantes: una vacuna que aún no existe, y que seguimos recibiendo connacionales y seguiremos haciéndolo. Quizá la situación termine en el mes de febrero-marzo del 2021. Mientras que la salud y Dios no nos aparten, seguiremos en la lucha.

—Actualmente, ¿cómo está integrado el equipo de trabajo?

— Cuento con un personal de 20 médicos y 8 enfermeros venezolanos. También debo resaltar el trabajo de la Misión Médica Cubana, de los cuales tengo cuatro médicos y tres enfermeros. En total, somos 25 médicos y 11 enfermeros, dando la batalla en el área de salud integral comunitaria.

—Con el equipo que tiene, ¿logra cubrir todas las áreas en tiempos de pandemia?

—Nos ha costado, incluso en algunos PASI tengo solo dos médicos. Aquí en el CDI tengo tres médicos, y el trabajo va creciendo día tras día. Empezamos con la aduana, luego con el terminal y después con la apertura de los PASI, PASIE, PASIMI, y ahora el Pasiemu. Este personal ha dado una batalla formidable, me le quito el sombrero. Sin ellos, la dirección de la ASIC no logra nada.

—En este sentido, ¿requiere de más personal?

—En este último mes he notado que ya el personal se ha ido desgastando y he tenido que sacar de reposo a dos médicos, con PCR negativa, gracias a Dios. Sí, el desgaste diario nos está agotando, llega el momento en que el cuerpo no aguanta más. Necesitamos más ayuda, porque debemos organizar la consulta de respiratorio. Trato de no creer que la pesadilla que vivió Francia, Italia, incluso nuestros vecinos: Ecuador, Brasil y Colombia, la lleguemos a palpar en Venezuela.

Temor al desborde de los casos

El galeno ve con gran relevancia el rol que han desempeñado las fuerzas militares, que se han abocado a esa unión necesaria: lo cívico y militar. Indicó además que el papel de la alcaldía ha sido vital. “El sinnúmero de participantes en esta organización política, social y sanitaria nos ha garantizado, pese a todas nuestras fallas, sobrellevar esta carga y sacar el barco con buen viento y buena mar”, acotó.

El cansancio no ha hecho mella en el desempeño de su equipo; al contrario, se ha elevado el compromiso y la dedicación. “Sin lugar a dudas, toda la organización nos demuestra que hemos avanzado, a favor de que podamos determinar espacios para los migrantes internos, organizamos espacios para mantener pacientes positivos asintomáticos”, subrayó.

Que se presente un desborde de casos comunitarios – hasta la fecha van 20–, es el miedo que siente el galeno. “Sería doloroso el tener que empezar a seleccionar gente por edades, por situaciones críticas o graves, que no seamos capaces de dar esa respuesta oportuna, porque sea más la masa de patologías graves que la fuerza que tengamos en pie. Ese es mi gran temor”, reconoció.

Reiteró que a la patología no le teme, pues todos los días se cubre con la sangre de Cristo. “Salimos a esta batalla con las convicciones claras de que si nos tuvimos que enfermar y partir de este mundo, dimos la lucha. Que Dios nos siga iluminando, como lo ha venido haciendo”, sentenció.

—¿Cómo es el día a día, doctor?

—Normalmente, salgo a las 7:00 a.m. de la casa, recogemos al personal que vamos a distribuir por los diferentes PASI o PASIE. Hay días en los que llegamos a las 8:00 o 9:00 p.m. a nuestros hogares: otros en los que la madrugada nos ha atajado, o el sol del nuevo día nos ha sorprendido.

—¿Han sido frecuentes estos episodios?

—En una oportunidad, con el coordinador de la Misión Médica Cubana, nos dieron las 6:00 a.m. en el PASI República de Cuba, haciendo PCR y solventando situaciones. En otra ocasión, con el personal cubano, nos dieron las 7:30 a.m. del siguiente día atendiendo a 1.250 connacionales en el Terminal de Pasajeros. Eso fue una batalla increíble.

  • ¿Cree que la creación de los PASI, en sus diversas modalidades, ha sido la mejor opción?

—Las diferentes figuras que se han organizado nos permiten a nosotros seleccionar y cuidar de cada grupo de población que va entrando, porque no es lo mismo el que viene del exterior: Colombia, Ecuador Perú, donde hay focos de contaminación importantes, que los que son migrantes internos o comunitarios. Todas las particularidades de estas poblaciones han permitido encasillarlas en diferentes instituciones y así manejar temperamentos, conductas y tratamientos diferentes.

500 positivos en los PASIE

Los tres PASIE que se han habilitado en la jurisdicción fronteriza, con capacidad para albergar alrededor de 500 personas positivas, representan para el estado Táchira un beneficio, ya que los retornados que den positivo en otros municipios terminan en Bolívar. “Acá se les da el tratamiento, el seguimiento y tras su primer PCR, si da negativo, se evacúa. Sí ha sido fructífera la estrategia”, recalcó.

“Táchira es el modelo y fue el organizador del primer PAS, y de allí se crean los PASI, PASIE, PASIMI y PASIEMU”, prosiguió Uribe, al tiempo que instó a los escépticos del virus a ser conscientes de que la covid-19 es real, pues las estadísticas mundiales no engañan.

“El hecho de no enfermarse, de no ver a un familiar muerto por una patología que es real, no significa que el virus no exista. Hemos notado esta última semana, luego del traslado de los casos comunitarios al PASIEMU, que la gente está más preocupada que antes, y en esa preocupación buscan evitar enfermarse”, detalló.

Para el director médico de la ASIC en Bolívar, lo más complejo en estos meses de pandemia ha sido tener que trasladar a un paciente a los hospitales centinela frente a la necesidad de un respirador; “eso es lo más difícil. No es el cansancio, no es el trasnocho, no son los acuerdos o desacuerdos. No es ni siquiera dedicarle el tiempo a la organización de un PASI… Lo más incierto y doloroso es que no puedan salir de esto”, expresó.

A modo de colofón, Franklin Uribe espera que la ciudadanía aprenda de la pandemia, una vez pase. “Este el punto de partida para generar protocolos de actuación para futuras pandemias, pues vamos a enfrentar más, y si Dios nos da vida, de seguro vamos a seguir en la primera línea de batalla”, dijo.

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