domingo 9 agosto, 2020
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Ya no se arriesgan los conductores a llevar sobrecupo en las unidades

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En muletas, Luis Vega ve cómo personas con mayor agilidad abordan primero que él la buseta, teniendo que esperar la próxima, pues esta ya había alcanzado su cupo máximo. (Foto/Freddy Durán)

En la parada de Zorca Providencia, las busetas han pasado de largo varias veces en la mañana frente a un grupo de pasajeros, pacientes, que deben esperan la siguiente unidad, la que sí los podría llevar, siempre y cuando eso no implique sobrecupo.

Hasta que por fin aparece la buseta más liviana en ocupantes; no obstante, el colector vigila que suban solo los suficientes, mientras que al resto, que no son pocos, se le cierra rápidamente el paso y debe seguir esperando.

Y van a seguir esperando, así les tome más de una hora, pues apenas tienen unos cuantos días, con disponibilidad de unas horas para hacer sus diligencias en San Cristóbal, y lo hacen aun sabiendo que en la capital tachirense el término “contagio comunitario” se ha hecho común. Y es que como afirmó uno de los choferes de la línea Santa Rita, si los agarran infringiendo las normas de cuarentena, corren el riesgo de ser detenida su unidad y su chip bloqueado.

—Aparte de que echamos combustible –comentaba el conductor en una voz entendible a través de su tapaboca- casi una vez al mes, ahora corremos el riesgo de no tanquear y dejar de trabajar en estos momentos en que más necesitamos un ingreso para el hogar.

Obligado a bajar por razones médicas

Luis Vega apenas si pudo sumarse al aglomeramiento que formaban quienes no querían quedarse por fuera, pero por no contar ni con la rapidez ni con habilidad para encaramarse para abordar la buseta: se lo impedía el hecho de andar en muletas. En este caso, la piedad del prójimo ya no contaba, cuando se imponía llegar lo más pronto posible, y no perder la ruta de regreso: una desconsideración que no solo lo afecta a él, sino a personas de la tercera edad en los mismos afanes. Afortunadamente, la suerte estuvo a su lado media hora después.

—Incapacitado y míreme –afirmó Vaga–, esperando 2 horas por una buseta. Tenía mucho tiempo que no salía y me tocó hacer una diligencia hoy, y en el transcurso de la semana debo volver para chequeos médicos, pues necesito que me operen la pierna, que tengo afectada después de un accidente en moto. Tengo tres años de estar así.

Padre de 4 hijos, ya mayores, apenas si depende de una pensión de incapacidad, luego de trabajar para un reconocido supermercado privado, y con el poco dinero de que dispone, piensa pagar un médico particular

—Tengo que ir a una consulta privada porque en el hospital no me han querido atender desde hace dos años. Entonces, para no seguir perdiendo el tiempo, por allá no volví más. Después me fui a renovar citas, y me dijeron que citas no había. Un día, por la falta de busetas, me tocó del hospital al centro, así, en muletas; y otro por unos productos que me dieron en la empresa en que trabajaba, caminé así de Pueblo Nuevo hasta Traki.

Ingresos limitados

El lunes, César Peña tuvo que experimentar las dificultades para bajar a San Cristóbal y regresar a su hogar, por las insuficiencias en el servicio de transporte y los restrictivos horarios para que este opere; de todas maneras, el martes lo intentó nuevamente para mercar.

—Estas flexibilizaciones de la cuarentena -agregó Peña- es algo absurdo, porque la enfermedad es continua, día a día. Igual siguen las aglomeraciones, los días en que puede salir la gente, y mucho más porque quedan cosas pendientes. Fíjate lo que sucedió este fin de semana, con los mercados que cerraron, mientras otros estaban full.

Sabe que el covid-19 ronda, y cada vez que llega a su casa cumple los protocolos exigidos por la OMS; no obstante, cada vez que sale el peligro acecha.

—En mi casa solamente salgo yo a hacer las diligencias. Trato de seguir los cuidados de la Organización Mundial de la Salud, y al llegar a mi casa, me quito la ropa que traía, me lavo las manos, y trato de no tener contacto inmediato con mis hijos y mi esposa. Yo sé que aquí, en el transporte, uno está en riesgo, pero ¿qué se va a hacer? Uno tiene que salir obligado a hacer sus cosas –dijo-.

Su trabajo implica necesariamente desplazarse a otras ciudades venezolanas a conseguir mercancía y, mientras siga la cuarentena, esos viajes de negocios están paralizados

—Esto está fuerte, cada semana que comienza es peor. Todo está más caro y menos se consiguen las cosas. En mi caso, soy comerciante por mi propia cuenta; yo trabajo con maquinaria pesada y frecuentemente debía viajar a los estados Yaracuy y Zulia. Entonces, uno se va bastante apurado. Y lo poco que uno tiene no alcanza ya para nada.

Freddy Omar Durán

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