miércoles 12 agosto, 2020
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A través del tiempo

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Dorkis Yamile Cárdenas*


 

Este libro del doctor Brian Weiss (1992) llegó a mí en el momento perfecto, reencontrándome con temas que llevan años dando vueltas en mi cabeza, como lo son: la reencarnación, la inmortalidad y los viajes en el tiempo. Todos, asuntos controversiales y amenazadores para la visión occidental de la muerte, así como contrarios a las nociones de espacio y tiempo tradicionalmente aceptadas.

Desde el generoso y curativo relato de los casos de sus pacientes, así como de sus propias experiencias científicas y místicas, este psiquiatra estadounidense propone la terapia de regresión a vidas pasadas como “el inicio de un camino espiritual” (p. 194), de crecimiento y equilibrio, para alcanzar una sabiduría elevada y sanadora, a partir del acceso al subconsciente.

Este potencial curativo del subconsciente se aprovecha al recobrar recuerdos olvidados o reprimidos que permiten una mayor comprensión psicológica del individuo. Es decir, al disiparse las sombras de la memoria, se revela el origen del miedo o el dolor; se crece desde la comprensión de uno mismo y de sus circunstancias.

Este autoconocimiento conduce a una renovación espiritual en la que el miedo y el dolor se convertirán en amor, sabiduría y paz. Se trata de mirar al interior para comenzar a sanar desde el amor propio y el amor universal, entendiendo que todo es uno.

Recordar, cura

La regresión a vidas pasadas ocurre en un estado de relajación e hipnosis ligera que le permite al subconsciente sumergirse en las profundidades del océano del Ser y retroceder en el tiempo para traer a la conciencia el trauma inicial. De esa liberación de los recuerdos reprimidos brota el potencial curativo del amor, frente a síntomas psiquiátricos, físicos o emocionales.

Entonces, algunos traumas pasados que pudieran manifestarse en el presente como dolores corporales, alergias, asma, úlceras, artritis, tumores, ansiedad, miedos, fobias, dependencia, odio, tensiones, relaciones negativas, depresión, culpa, entre otros padecimientos,  desaparecen como resultado del crecimiento espiritual del paciente.

Weiss postula que con la terapia de vidas pasadas se puede vivenciar la existencia de un continuum cuerpo-mente, ya que no solo la mente cura al cuerpo sino que además el cuerpo cura a la mente. Y desde esta armonía, “al comprender las verdaderas raíces de nuestros síntomas” (p. 84) se superan diversas dolencias físicas, mentales y emocionales. Se produce una “mejora de su vida interior y exterior, una mayor paz, serenidad y equilibrio en la vida” (p. 195).

Al volver de la regresión, los pacientes desarrollan una nueva perspectiva de la vida y de la muerte, experimentan un nuevo sistema de valores que los llena de paz y serenidad. Así, sin miedos, culpas ni sufrimiento, sanan desde adentro (poder interior). Se sienten más felices y fuertes, al  “transformar el miedo en amor y sabiduría” (p. 182).

La terapia implementada por el doctor Weiss da serenidad y además promete aclarar propósitos, descubrir talentos, mejorar la percepción de uno mismo y de sus circunstancias, florecer creativamente, desarrollar el conocimiento intuitivo. Asimismo, brinda una elevada sensación de paz, seguridad y gozo interior, bienaventuranza, intuición, sabiduría, perdón, ausencia de miedo o ansiedad, paciencia, felicidad, conexión con el todo.

Para el autor, todos somos seres divinos: “Los pacientes descubren un poder superior que existe en todos nosotros y que nos ayuda a estructurar nuestra vida a fin de aprender y alcanzar nuestro potencial divino” (Weiss, 1992, p. 75).

Alma inmortal

En los casos analizados por el doctor Brian Weiss es recurrente que, luego de reconstruir su pasado a través de las regresiones, sus pacientes transformen su concepción de la muerte física como un final, para comprenderla como una fase de crecimiento emocional y espiritual. La muerte no debe ser “una experiencia de miedo, pérdida y separación” sino de “curación, expansión y nuevos comienzos” (p. 151), pues las almas continuarán reencontrándose una y otra vez.

Al reconocerse a sí mismos, mediante sus recuerdos de vidas pasadas, sus pacientes perciben que “El verdadero ser, el ser inmortal, es el que pasa de un cuerpo al otro, de una vida a otra” (p. 219) y que esas vidas equivaldrían a lecciones de amor, paciencia y sabiduría; para mirarse y mirar al otro sin culpas ni resentimientos, sino como almas que viajan a través del tiempo procurando superar patrones negativos y traumas.

Para explicar estos ciclos de aprendizaje, el autor comparte sus registros de las experiencias de pacientes con recuerdos infantiles traumáticos reprimidos, así como con problemas de obesidad, abuso de sustancias y relaciones turbulentas. En el primer grupo, el dolor no resuelto emerge en el adulto como culpa, vergüenza, pesadillas recurrentes, fobias, ataques de pánico, depresión, falta de autoestima e incluso maltrato a otros.

La liberación emocional de esa nociva programación, originada en ésta u otras vidas, ocurre a nivel subconsciente: el adulto rescata a ese niño interior, lo protege como un padre amoroso y lo ayuda a perdonarse y a perdonar, a salir de la negación, disipando las sombras de esos recuerdos borrosos. Solo así, reconociendo la raíz del dolor (abandono, abuso sexual, maltrato…), se hace consiente ese algo tangible de lo cual necesita desprenderse para purificar su niñez y mejorar su vida adulta.

Aclarar la experiencia contribuye al proceso de curación, por la sensación liberadora de recordar el dolor sepultado y superar la idea tradicional de karma, pues si nos perdonamos y perdonamos al otro, pondremos fin a esos antiguos dramas.

Weiss presenta los casos de obesidad y de adicciones como conductas autodestructivas y formas de sufrimiento inconsciente. La obesidad como respuesta defensiva a un pasado de hambre o violencia: “(…) capa aislante entre las personas y sus sentimientos, miedos y dolores causados por otros” (p. 143). Y el abuso de sustancias como una forma de reprimir recuerdos o de evadir responsabilidades. En ambos escenarios, también se sana mirando hacia adentro y transmutando el miedo en amor.

Para el autor, muchos de nuestros conflictos con familiares, parejas o amigos tienen raíces en vidas anteriores, pues “volvemos a la vida en grupos una y otra vez” (p. 102). De manera que compartimos esas vidas y aprendizajes con quienes él llama nuestras almas gemelas,  con las cuales estamos destinados a reencontrarnos más allá de la muerte y del tiempo.

En estas interacciones, muchas veces se arrastran conductas programadas o patrones que debemos trascender. Y cuando ya no es necesaria la reencarnación para el crecimiento emocional se elige si renacer para ayudar a otros o si ayudarlos desde otro plano.

Llegar al subconsciente e influir positivamente

Brian Weiss nos invita a meditar con espíritu lúdico y mente abierta, pues el terapeuta solo actúa como guía. Es el paciente quien controla la curación. Al realizar una regresión no se sabe a dónde nos llevará nuestra sabiduría elevada. Nuestra subconsciente decidirá lo que convenga en el momento y podrá regalarnos resultados diversos: experiencias de regresión vívida, patrón de flujo de momentos clave o fragmentos de una vida anterior o presente, intuiciones, percepción de colores, sensaciones, pensamientos, soluciones o consejos espirituales y prácticos, viaje a un jardín curativo o espiritual lleno de sabiduría  y armonía, así como a un sitio místico entre dos vidas “donde las almas descansan” (p. 178); o simplemente, relajación y bienestar.

También el autor aclara que este enfoque se puede usar junto a otros tradicionales (medicina holística) y, agrega, que algunos pacientes no son regresivos y deben tratarse con psicoterapia convencional. Al igual, sostiene que muchas veces no será necesaria la regresión a vidas pasadas para curar, si la causa de la dolencia está en esta vida.

Al final de su libro, Weiss aporta un guión similar al que utiliza en su consulta para que podamos realizar desde casa un ejercicio de meditación para la relajación y la regresión, dado que no siempre es necesario o posible visitar un terapeuta especializado en regresiones a vidas pasadas.

El autor nos dice que, previo o en paralelo a dicho ejercicio, podemos implementar otras técnicas para ponernos en contacto con nuestra sabiduría personal:

  • Anotación de sueños: Llevar un diario de sueños frecuentes que pueden poseer claves de vidas pasadas. No analizar, solo narrar y describir. Colocarle título para poder clasificarlos luego. Buscar esquemas o relaciones entre una vida anterior y la actual etapa de desarrollo.
  • Meditación: Despejar y aquietar la mente y las emociones; abrir la conciencia para que afloren recuerdos, intuiciones, revelaciones, autoconciencia, disfrute, serenidad. Así se mejorará la eficacia de otras técnicas de regresión.
  • Visualización: Dejar fluir la imaginación, sin juzgar. Registrar experiencias en un diario. Buscar pautas y significados.
  • Auto-observación: Hacer un inventario y analizar talentos, capacidades, miedos, fobias, afinidades, atracciones, aversiones, costumbres… A partir de estas conexiones se puede focalizar la regresión meditativa o la visualización.
  • Asociación libre: En estado de relajación, decir palabras universales que trascienden la cultura y los tiempos. Observar con cada una imágenes mentales, escenas, sensaciones, sentimientos. Anotarlas en un diario. También servirán como claves para los ejercicios de regresión meditativa y de visualización.
  • Caras: Con luz tenue, música suave, frente a un amigo o un espejo, observar si sus facciones cambian. Las impresiones intuitivas afloran y pueden surgir escenas, voces, palabras. Registrar la experiencia en el diario.
  • Trabajo físico: Métodos que estimulan zonas claves del cuerpo, pues algunos recuerdos se vinculan a partes del cuerpo (memoria celular) y pueden ser parte de un patrón de vida. Anotar recuerdos en el diario.

*Periodista Científico y Cultural

MSc. en Educación, Mención Lectura y Escritura /E-mail: [email protected]

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