No resonaron aplausos en el Santuario Diocesano de La Grita, vacío y cerrado, pero llovieron emoticones y stickers de manitos en las transmisiones virtuales. La radio también fue clave. Después de su cobertura en tiempo real del 6 de agosto en su web y redes, Diario La Nación presenta esta mirada más interpretativa de una inédita festividad del patrono

 

Por Daniel Pabón | @dalpac


El alargado y espacioso altar mayor de la catedral de San Cristóbal reflejaba la austeridad del momento: la misa pontifical de la 410ª fiesta patronal del Santo Cristo de La Grita ha sido celebrada este 6 de agosto, en plena pandemia. Una jornada que coincidió con el reporte gubernamental de casos diarios del nuevo coronavirus más alto hasta la fecha en Venezuela.

Un ramo de rosas rojas era la sencilla y única decoración a los pies de la réplica peregrina del ícono del Señor crucificado. Todo tan diferente, en contraste con la profusión floral de años anteriores. Lo que allí no se ve es que esas rosas rojas, producidas en los campos merideños de Bailadores y dispuestas en forma de jardinera en la misma Grita, son ofrenda de familias devotas agradecidas por milagros. Y todo tan igual, porque la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, se lee en la Biblia.

Los pocos sacerdotes del presbiterio que concelebraron, siguieron protocolos de bioseguridad. Todo tan diferente, separados entre sí, con tapaboca, eran los únicos ocupantes de las bancas en un templo matriz con puertas cerradas. Más jóvenes, como Javier; de generación intermedia, como Renato; o más veteranos, como Humberto, se convirtieron ellos en representantes de la multitud de siempre. Y todo tan igual, porque en el canal de YouTube de la Diócesis de San Cristóbal llovían insistentes los mensajes de los miles de conectados del mundo, gracias a la transmisión de un sencillo teléfono móvil. Todos con deseos positivos de bienestar, salud y paz.

Cerca, en La Grita, Liliana Zambrano clamó bendiciones para el personal de salud del hospital local con un “cúbranos con su sangre preciosa, papito Dios”. Lejos, en Medellín, Rosa Salas solicitó protección a Venezuela y al mundo, con un “aleja esta pandemia que ahora nos azota”. Una y otra, peregrinas virtuales.

En el ámbito de los medios digitales, no por artificialidad, “Santo Cristo de La Grita” fue tendencia nacional en Twitter toda la mañana del día jueves, día de la solemnidad de la Transfiguración del Señor. Escribieron al Patrono desde la maestra de escuela sin retuits, hasta el presidente Nicolás Maduro o los dirigentes opositores Henrique Capriles y María Corina Machado. En los medios tradicionales, también hubo “cadena” radial.

Por uno u otro canal resonó la consagración del Táchira y de los Andes venezolanos al Cristo del rostro sereno. Cinco párrafos de una oración bien plantada, que ahora es cuando será pronunciada. Una plegaria que el obispo diocesano, Mario Moronta, recitó de cara al Patrono, diciéndole que “venimos con los pies del peregrino que no se cansan de acompañarte y de seguirte”, confiándole que en sus “brazos amorosos colocamos a nuestra gente, los hombres y mujeres que caminan sabedores de tu compañía” y confesándole contemplación a su cruz, “árbol de la vida sembrado en la tierra linda del Táchira”. Fue este el momento cumbre de la celebración.

Y fue ese, precisamente, el título de la homilía de este año, “El árbol de la vida”, basada en la importancia central de la Cruz, cual signo de victoria y como árbol que da la vida. Todo tan diferente. Como proclamó el obispo, este año 2020 la celebración ha estado marcada por una situación inédita e insólita: la pandemia “ha puesto al descubierto nuestras limitaciones, pequeñeces y deficiencias”. Y todo tan igual, porque también “ha sido un tiempo para reconocer la presencia del Señor en medio de nosotros”. Bien bajo el mismo techo blanco en la explanada del Santuario Diocesano, este 6 de agosto vacío y cerrado, o bien cada quien bajo su techo, el mensaje indudablemente llegó a sus destinatarios. Y el que lo recibió con fe, ese convirtió su hogar en un santuario.

Al caer la tarde, la casa tradicional del Santo Cristo que es la Basílica del Espíritu Santo, en el corazón de La Grita, prendió luces para celebrar la misa de los peregrinos, ante un reducido número de religiosas y cantantes del coro y también de puertas trancadas. Ofició Juan Alberto Ayala. Hasta el año pasado, solo concelebrante como párroco de la vecina comunidad eclesiástica de Nuestra Señora de los Ángeles, pero hoy, además, obispo auxiliar electo de San Cristóbal. La Providencia, pues, quiso que para este 6 de agosto diferente, el nuevo número 2 de la Iglesia local fuese también pastor en La Grita.

En sus respectivas predicaciones, Moronta y Ayala coincidieron en lo que marcó esta festividad en particular: no fueron los peregrinos quienes caminaron a La Grita a buscar y a encontrarse con el Santo Cristo, sino que fue el Santo Cristo quien con sus brazos abiertos salió al encuentro y a través de los medios y las redes entró en los hogares y comunidades de los peregrinos.

Todo tan diferente, porque no desbordaron esta Ciudad Santuario los más de 300.000 que la suelen conquistar, muchos a pie, por estas fechas. Y todo tan igual, porque las calles vacías del antiguo valle de los Humogría se llenaron con el eco radial del esperanzador verbo de Ayala, mientras en el Facebook de la basílica la transmisión en vivo dejaba saber que Ronald Duque, en Maracay, consignaba peticiones de protección ante todo mal, y Deris Fernández, en Estados Unidos, apreciaba que este año no son miles, “sino millones los devotos presentes a los pies del Santo Cristo”.

Y como alfombra ante esos pies, más rosas; cerca de 1.000 entre blancas y amarillas, revestían el camarín del Santo Cristo. Como su cofradía cumple ahora 25 años, estrenó un perizoma -o paño de pureza- con este motivo. Cuánto simbolismo sobre la tela: en su centro, una imagen del próximo beato venezolano José Gregorio Hernández en oración frente al Patrono, circundado por las cuentas del rosario. Ese encuentro, que el diseñador Heriberto Pernía representó con hilos negros en el saco y sombrero del médico y dorados en las tres potencias del Cristo, sucedió en verdad en el año 1888, según cronistas.

También la ceremonia de beatificación de José Gregorio está en pausa. También los caminos del páramo El Zumbador y de la carretera Panamericana tendrán que esperar nuevos pasos de peregrinaje, cuando sea seguro darlos. Ahora, aplica más que antes eso que recita el himno al Santo Cristo que compuso monseñor Pío Bello: “y aunque lejos esté nuestro cuerpo / estará siempre el alma ante ti”. Y, al final del día, eso fue lo que valió.