martes 24 noviembre, 2020
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“Solo quedamos con la ropa que teníamos puesta”

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Por el solar de la casa de Miguel Durán Carvajal se desbordó el río Carapo. Se llevó varias paredes, siguió hacia la calle para continuar con los destrozos, no sin antes dejar su huella de destrucción en el hogar de este señor, que en un instante vio perdidas las viviendas y los pequeños negocios de él y su hijo. Estos eran el sustento de ambas familias.

“El río tumbó las paredes de varias casas del sector que están a unos treinta metros de distancia del cauce; entre esas la mía; perdimos todo; dice con desconsuelo, mientras mira las ruinas de su hogar de 35 años.

El taller, ubicado al igual que su vivienda en el barrio San Diego de Rubio, donde trabajaba en el vulcanizado de bandas y pastillas de frenos, está devastado por barro y escombros. “No me quedó nada. Ya era difícil por el precio de los insumos; cuando los compraba habían subido el doble y hasta el triple de su valor. Ahora, con esta situación, no cuento con recursos para invertir y, entonces, cómo voy a trabajar”. De allí su angustia.

Durante la crecida, los implementos para realizar su labor se perdieron, y no tiene cómo reponerlos. Dice que desde el año pasado se agudizó la crisis económica para él y su familia, pero subsistían con los ingresos por el servicio que prestaba a los conductores. Ahora, imposibilitado de hacerlo, el panorama se torna incierto para este rubiense que ya alcanza la tercera edad.

“La casita de mi hijo, ubicada al lado del negocio, también sufrió graves daños, no les quedó prácticamente nada, solo la ropa que tenían puesta. Los muebles, la cocina, las camas, la biblioteca y los útiles escolares de los niños, se los llevó el río”.

Tampoco se salvó del desastre la venta de comida de rápida que funcionaba en el mismo lugar y atendía su hijo para mantener a los integrantes de su familia. El sitio quedó destruido, tapiado de escombros enormes.

“Necesitamos que saquen todos los escombros, pero que no los vuelvan a lanzar al cauce del río, porque se crea un problema peor”, manifiesta mientras señala el solar tapiado de ramas, troncos de árboles, piedras y basura.

“Ya han venido de muchos organismos a hacer encuestas, a mirar y a tomar fotos; ahora lo que necesitamos es la acción. Que despejen el lugar, pues además de oler muy mal por tantos desechos contaminantes que nos pueden enfermar, impiden la movilidad. Así ha pasado con la quebrada “La Yegüera”, donde hicieron un canal, pero también lo llenan de escombros y basura, y ahí es donde se generan estas catástrofes”.

Miguel Durán, su esposa, sus hijos y nietos, son otras víctimas de la vaguada que afectó al municipio Junín. Están en condiciones precarias, requieren asistencia y ayuda. No tienen medios para retornar a sus labores, ni una casa en condiciones adecuadas para guarecerse. Están desprotegidos y en riesgo. Hacia ellos debe volverse la mirada y brindarles la atención que tanto necesitan. Nuevamente comenzó a llover en Rubio.

Norma Pérez

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