“En el voraz incendio del Centro Cívico  me sorprendió su violencia y magnitud”

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Cuando los bomberos llegaron, toda la estructura estaba en llamas. (Fotos: Tte. (B) Jorge Ramón Ramírez)

La estructura aún muestra el rostro del fuego que acabó con el símbolo de modernidad de una época. Nunca volvió a ser lo mismo este edificio


Armando Hernández Suárez

El incendio que la tarde del sábado 2 de diciembre del año 2006 destruyó la torre “B” del Centro Cívico de San Cristóbal, también forma parte de los grandes siniestros que efectivos de nuestro Cuerpo de Bomberos han enfrentado en 67 años. Junto a la conflagración que en 1964 arrasó con el Mercado Cubierto, sobresale una larga lista de eventos que están ligados a la historia de una ciudad.

Curiosamente, ambos incendios ocurrieron en un mismo lugar y en circunstancias muy parecidas. Los terrenos del desaparecido Mercado Cubierto, en plena zona comercial, frente al parque Bolívar, años después, dieron paso a una de la construcciones más hermosas de la capital tachirense, el Centro Cívico, conformado por dos torres, de la cuales una fue destruida por el fuego.

Coincidencias

Los puntos de coincidencia podrían ser asombrosos, porque en ambos casos existe la presunción de un incendio provocado. El fuego se tornó incontrolable para un cuerpo de bomberos que no contaba con recursos para enfrentar una situación de esa naturaleza. Las llamas avanzaron rápidamente, indetenibles, generando una violenta espiral que rápidamente se propagó por toda la edificación y hoy, pese al tiempo transcurrido, no se han establecido responsabilidades, ni se conocen con exactitud los móviles del hecho.

El mayor y abogado Óscar Alexánder Morillo, actual jefe de Relaciones Institucionales del Cuerpo de Bomberos de San Cristóbal, fue uno de los efectivos que estuvieron en el lugar, no solo en el combate directo al fuego, sino que además dirigió las pesquisas posteriores, como jefe, para ese entonces, del Departamento de Investigación de Siniestros.

Mayor y abogado Óscar Alexánder Morillo

Morillo dice que, apenas se recibió la alarma, se despacharon las unidades del Cuartel Central, en tanto que él se dirigió un poco después en carro particular.

“A distancia pude ver la enorme columna de humo, alta, muy alta, y de inmediato me di cuenta de que se trataba de algo muy serio”. Recuerda que se encontró con un terrible panorama, toda la estructura, desde la planta tres hacia arriba, se encontraba bajo una fuerte combustión y ya sus compañeros bomberos estaban trabajando en labores de sofocación.

“Mi impresión fue de bastante sorpresa, por ver en ese incendio la violencia y la magnitud que estaba generando un inusual proceso combustible. Me incorporé a las labores de sofocación y, cuando logré ingresar a las instalaciones, me percato que el calor era bastante fuerte en todas las áreas. En lo personal, fue una experiencia espeluznante, increíble, por la violencia del fuego, y porque nunca me imagine ingresar, como bombero, a una estructura así, en esa condición de fuego tan feroz”, explica Morillo.

—Tuve miedo, y esta es una reacción normal, lógica y natural del ser humano ante una situación de peligro, porque existe el temor al enfrentar a un elemento que está en proceso de descontrol y debe ser controlado a como dé lugar. A mí me asustó bastante y seguramente a los compañeros también. Teníamos la adrenalina muy elevada y hacíamos grandes esfuerzos para tratar de apagar ese incendio lo antes posible, evitar que se propagara y causara mayores daños, tanto a los mismos bomberos como a la estructura y locales vecinos -argumentó-.

El mayor Morillo dice que tan solo contaban con dos camiones, entre ellos una cisterna con capacidad de doce mil litros de agua, que equiparon 18 veces. “Fue bastante difícil para obtener el preciado líquido, pero soportamos hasta que nos logramos conectar al sistema de extinción fijo de la edificación. Notamos que no había presión y que el agua no subía. Al revisar nos dimos cuenta de que las llaves en el nivel tres del estacionamiento estaban abiertas y por ahí se nos iba el agua”.

Un carro-escalera prestado

—Logramos ubicar en la calle 9 con avenida Isaías Medina Angarita, en la esquina de la joyería Narváez, un hidrante subterráneo que estaba operativo y esto fue un gran alivio.

Cuenta Morillo que pudieron trabajar en el paseo artesanal y proteger los negocios de esa área, evitando que el fuego se extendiera a esa parte. Se utilizaron más de 500 mil litros de agua, calcula el oficial de bomberos.

—Una empresa privada trajo dos camiones-escalera de Estados Unidos, para comerciarlos, y en la magnitud del incendio nos facilitó uno, al cual se le conectó un tramo de manguera y mediante el uso de las bombas de succión y expulsión, laboramos en el cuarto piso. Luego que sofocamos todo lo que era llama, se inició con el proceso de combustión de fuego incipiente. En esta situación de emergencia recibimos el valioso apoyo por parte del Cuerpo de Bomberos de Cúcuta, que nos colaboró en las labores de refrescamiento. También llegaron los bomberos de Rubio y Cordero, así como los bomberos aeronáuticos de la Base Aérea “Mayor Buenaventura Vivas”, destacados en el aeropuerto de Santo Domingo, con unidades de prevención dotadas con material químico para ser utilizado en caso que existiera la necesidad, concretamente una sustancia conocida como polvo químico seco.

Morillo considera que este es uno de los incendios más fuertes que los bomberos de San Cristóbal han enfrentado en los últimos años, lo que se conoce como una prueba de fuego para un grupo de hombres que, sin recursos ni la protección adecuada, pusieron en peligro sus vidas para solventar la situación de manera técnica y profesional. “Hemos cumplido con nuestro deber, vencido dificultades y superado retos”, finalizó diciendo el mayor Óscar Alexánder Morillo.  (AH)